jueves, 6 de octubre de 2011
Mitos de ayer y hoy
Si preguntan, el amor no existe.
Si por amor nos referimos a quedarnos anonadados con una persona, en un estado casi ilusorio, donde todo se ve de otro color, donde todo es perfecto y nunca hay problemas... Sí, existe ese perfecto amor en los primeros dos meses que conocemos a una persona, donde el primer beso sigue siendo mágico
Pero si creemos que el amor es apoyo, comprensión, fidelidad y fuerza... Si es luchar con todas las armas contra viento y marea, ir por caminos pedregosos por los que nadie antes anduvo, ir por el subsuelo para solucionar lo que lo demás ven absurdo... Es todo una farsa, un falso concepto del mundo occidental.
Estoy harta de tragarme las películas Disney donde siempre hay un hombre perfecto para una mujer perfecta, donde los problemas se solucionan llamando a un hada que convierte calabazas en carrozas; donde el verdadero amor es capaz de romper una maldición; donde un príncipe besa a su amada (que por cierto está muerta) y la despierta de un sueño eterno (como decía, la convierte en un zombie)...
Estoy harta de buenas palabras, de promesas sin cumplir, de caducos amores eternos, de luchas sin guerreros, de frases hechas y de falsos te quiero.
Harta de la frialdad de un adiós, de la calidez de un último beso, del temblor del abrazo del final... De todo aquello que queremos hacer eterno porque no podemos pensar que ese "amor" tiene fecha de caducidad, de las falsas esperanzas, de cerrar los ojos tan fuerte para no ver la realidad.
Hay que ir quemando sueños, viviendo la vida, luchando con pesadillas, borrando recuerdos, olvidando ilusiones, pisando fuerte y destruyendo palabras. Hay que ir al principio y ver que tiene final, y cuando el final llegue, pensar que habrá otro principio. Hay que reír llorando y besar odiando.
Pecado
Pecados son perdonados allí donde las almas solitarias van, pues no hay más terror que el daño del desengaño, el dolor del adiós, la desilusión de la verdad, la tristeza del final, las lágrimas de verdad…
Pecados son perdonados allí donde voy, pues no hay lugar más frío que tus gélidos brazos, ni más caliente que tus falsas lágrimas; no hay mayor dolor que el odio, ni mayor sufrimiento que la verdad de tus mentiras.
Castigos perdonados en el Limbo de los enamorados, castos impuros llevados a volar camino al Olimpo y dejarlos por fin en paz alejándoles de las cercanas llamas del Mal.
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