Nada, absolutamente nada dentro
de mí. Probablemente otra decepción por parte de mi idiota cabeza, pensar que
hay alguien como yo, alguien que confía ciegamente, que da sus sentimientos a
gente que apenas conoce… es tan penoso que me resulta patético incluso a mi
misma.
Juré no volver a hacerlo, al
menos esta vez no me han engañado con otra, pero siento como dentro de mi, una
ira ciega vaga aquí y allá sin más destino que destruir la poca templanza que
queda, de matar el débil autocontrol que aún conservo después de muchos años de
silencio.
Terror es la palabra que puede
describir ahora mismo lo que siento, terror maquillado con desesperación por el
miedo de la mentira, de la decepción, de ver que nadie es lo que parece ser. Terror
por mi misma, por mis reacciones y pensamientos; por llegar a darme cuenta de
que nada valgo porque no tengo nada; porque no soy lo que buscan; porque no soy
suficiente para saciar a nadie.
Desprecio, a mi misma me
desprecio. Desprecio todo lo que la gente representa, desprecio el canon
establecido, desprecio el control del mundo, desprecio a este cruel mundo en el
que vivimos sumidos en una mentira que nunca acaba. Y el alcohol ya no sirve de
nada; ni para ahogar penas ni para curar heridas del pasado. Es duro pensar que
un ser puede llegar a odiarse a si mismo, pero es así cuando muchas de las
personas que han pasado por su vida han acabado dañando lo más profundo, neto y
bonito que existía; cuando han destruido toda su inocencia.
La chica dulce y cariñosa que
solía ser quedó atrás hace muchos años, y ahora que había vuelto después de
mucho esfuerzo y dolor, se marchará para nunca volver. ¿Para qué quedarse aquí
si todos los seres de este absurdo planeta están corrompidos? ¿Para qué volver
si puede permanecer en paz eterna sin pena ni gloria?
Todo se va hundiendo en el cieno
del infierno de la corrompida bondad; todo acaba aquí pero no llega al final;
todo por lo que luché un día hoy dejará de importar. Preocupaciones que no me
corresponden; intentar ser mejor persona, comprender a los demás, escuchar sin
pensar mal… todo ese trabajo es absurdo; ya nada vale porque no vale nada.