Pecados son perdonados allí donde las almas solitarias van, pues no hay más terror que el daño del desengaño, el dolor del adiós, la desilusión de la verdad, la tristeza del final, las lágrimas de verdad…
Pecados son perdonados allí donde voy, pues no hay lugar más frío que tus gélidos brazos, ni más caliente que tus falsas lágrimas; no hay mayor dolor que el odio, ni mayor sufrimiento que la verdad de tus mentiras.
Castigos perdonados en el Limbo de los enamorados, castos impuros llevados a volar camino al Olimpo y dejarlos por fin en paz alejándoles de las cercanas llamas del Mal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario